martes, 16 de junio de 2020

ASI ESTÁ NUESTRO PAÍS

ASI ESTÁ NUESTRO PAÍS

- x Natalia Zarate

Había una vez, un niño llamado Samuel, más conocido como Sam, era un joven de 16 años, con pelo castaño y ojos negros, de estatura promedio y un poco tirado a su onda, a él en realidad no le importaba casi nada de la vida y lo único que le interesaba era jugar en el computador y quejarse
siempre que su vida no era como el quería, vivía con su madre Alejandra y su hermano Tom; los tres eran bastantes cercanos ya que no tenían más familia aparte de tenerse a ellos mismos.
Vivian en una casa cerca de la estación Belloto, no era la mejor casa para vivir con dos niños, pero Alejandra se esforzaba al máximo para que sus hijos tuvieran lo necesario para vivir cómodos, aunque era pequeña se sentía acogedora, con sus pequeñas ventanas azules dando a la calle y
una puerta gastada de madera color rojizo.
Después de que el gobierno decretara estado de catástrofe en el país por la pandemia que estaba pasando mundialmente, se cerraron todos los colegios para evitar que el virus se propagara.
Alejandra intentaba que Sam no saliese de casa ya que era peligroso y se podía contagiar, pero a él no le importaba mucho lo del virus y se escapaba mientras su madre salía a trabajar.
Sam intentó de salir un poco menos de la casa para que su madre no se preocupara mucho y ayudarle un poco a Tom a hacer sus tareas, además colocaron toque de queda y eso le impedía juntarse con sus amigos en la noche, pero no le duró mucho el tiempo en la casa ya que se aburría bastante rápido y se dio cuenta que en el sector que vivía nadie controlaba si las personas se quedaban en las casas o no, así que decidió salir nuevamente.
Un día, Sam le robo dinero a su madre para irse a Valparaíso con unos amigos del colegio, regresó en horas de la madrugada y se tiro como sacó de papas a su cama. Pasaron los días y Samuel comenzó a sentirse un poco con malestares, se sentía cansado, con fiebre y con un poco de tos.
Alejandra con miedo de que su hijo estuviera contagiado con coronavirus, lo llegó al hospital, pero este estaba repleto de personas esperando ser atendidos, al decirle los síntomas a la señora de recepción del hospital, mandó a Sam a casa con cuarentena absoluta sin tener contacto con nadie
(supuestamente sus síntomas no eran tan graves). La madre no podía llevarlo a la clínica ya que con suerte tenía para pagar el arriendo de la casa y la comida para el mes y ya no le daban mas prestamos porque se encontraba en Dicom, así que siguió las indicaciones del hospital y regresaron a casa.
Alejandra al llegar a casa lo aisló de su hermano y de ella, pero sin medicamentos o indicaciones específicas de algún doctor, Samuel terminó falleciendo en su habitación unas semanas después.
Alejandra y Tom por no haber tomado las precauciones de limpieza (porque los supermercados se encuentran desabastecidos de artículos de limpieza, porque hay personas que no piensan en los demás y compran como si el mundo fuese a acabarse) comenzaron a tener los mismos síntomas de Sam, pero en un grado mucho más grave, terminando con la vida primero de Tom y luego de Alejandra.
Lo único que queda es su recuerdo y esa pequeña casa con ventanas azules y una pequeña foto poco visible de los tres, asomándose por un pequeño lado de la cortina.

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