martes, 16 de junio de 2020

Pedazos de un gran Y verdadero monstro

 Pedazos de un gran Y verdadero monstro

 - x Octavio Pérez


Información para el lector: 

los nombres y personajes que aparecen en el cuento, no representan ninguna persona de la vida real. Son personajes facticios, que quizás fueron basados a personas reales, pero, no hay pruebas de que de verdad existen o existieron. Si por casualidad conoces a alguien que se llame igual o que algunas características de los personajes se asemejen a tal persona; no se preocupe, por que es ficción y nada de esto pasara. Si llega a pasar, no me hare responsable de nada. 

Muchas gracias por leer esta información.


Blanca eran las paredes del baño, blanco era el techo, blanco eran los azulejos del suelo y ciertas partes de las paredes; blanco era la tina, era la cortina de aquella tina; blanco era el inodoro, el lavamanos, hasta el jodido jabonero era blanco. Blanco. Blanco era ese tubo que atravesaba el techo y el piso, el espejo, los ojos del hombre tirado en el suelo… su cara pálida.  Pero entremedio de ese blanco, el rojo espeso esparcido en el suelo, opacaba el blanco, era como si nada estuviera ahí, solo el rojo, el brillante rojo, y… la cosa.
  Yo no podía creerlo, mi padre yacía en el suelo, seguido de casi toda mi familia, como piedras grises con forma de personas y pintadas de… rojo. ¡Estaban ahí! completamente tiesas con un agujero enrome en el estomago y su cabeza despegada a un lado. Yo… no podía llorar, no podía gritar, no podía moverme, y no podía concentrarme, mis pensamientos pasaban rápidamente delante de mis ojos, desordenadamente; pero no lo lograba, ya que… todo lo que sentía no era solo pena, y… sufrimiento; lo que yo sentía en mi interior era... miedo, el estomago me dolía y no me dejaban de temblar las manos, de repente los ojos me empezaron a arder y no se detenía;  mi  sangre empezaba a hervir, esas burbujas reventaban, desgarrando mi piel y carne. Yo se que podio sentir cada erupción, recuerdo mis gritos de agonía, pero no puedo recordar el sentimiento, no puedo, no importa cuanto lo intente.
  Después de un rato sufriendo afuera de la puerta del baño, completamente derrotado, sintiendo la mugre tocando mis heridas; la sangre deja de brotar, y llega mi hermano, Leonardo, que lo oigo gritar y llora en la entrada de la casa, estoy  seguro que vio el cuerpo de nuestra madre primero, el siempre fue su favorito y el lo sabia; esto lo digo, por que su llanto fue menos escandaloso cuando vio los otros cuerpos, y cuando me vio a mi. No me odia pero peleamos mucho, y ese día nos dijimos cosas muy feas.
  Yo aun no podía gritar, ni siquiera hablar. Pero pronto el llego a mi, y me vio moverme, y claro, con mi cabeza en su lugar. Cuando se acerca, lo primer que tubo que haber pensado es que estaba muerto, y que me movía por algún reflejo después de morir, por que no me explico ¿por que no me toco?, el después me dijo que no era necesario, pero yo no le creo. Como sea. Cuando al fin logro pronunciar una palabra, El se alegra un poco. Y secándose las lagrimas con la manga de su sudadera, dice:” octa, ¿esta… vivo? Yo lo trato de mirar y digo: “pues claro, ¿que no ves que estoy radiante?”. El se ríe levemente y llora al mismo tiempo; de alegría supongo.
  Después de ese encuentro muy motivador, el toma una manta y me trata de enrollar en ella, pero  no importa cuanto lo intente, el no puede. El además de ser bajo, es muy flacucho; apenas si puede mantener su peso. Por lo que sale de la casa a pedir ayuda. Algo que yo no sabía y que después iba a saber; es que, lo que les paso a mis padres también les paso a muchas personas en chile y en gran parte de latino América, después el me iba a contar por lo que tubo que pasar para llegar  a casa.
  Sorprendentemente  no me había desmallado, sentía como el tiempo pasaba, ya no era una ilusión. Yo pude ver con mis propios ojos la lentitud de la verdad; es increíble la claridad del tiempo; el tiempo se asemejaba al recorrido de un caracol por el desierto, buscando hojas que devorar. Yo incluso, llegue al punto de perder fe en que el leo iba a regresar; pero el si llego, el llego acompañado del Marcelo y el pablo, fieles  amigo que nunca me abandonarían.
  Me acuerdo, que cuando llegaron; el pato me vio y dijo:”!oh! Oye weon, ¿estay bien?”. Y antes que contestara, el marce respondió:” como preguntas eso, weon. ¡Míralo! esto hecho mierda”. Mie reí internamente, no quería moverme, cualquier movimiento significaba rosar mi carne contra algo.
  El marce y el pato me enrollaron en la manta, y me subieron a una carreta, (de esos que sirven para hacer cemento), era del papa del marce, seguramente el había muerto, y lo pienso, por que nos movilizamos idiotamente con una carretera y no con un automóvil. Decidieron entre ellos, llevarme algún hospital cercano, el problema, es que no hay hospitales cerca, por eso decidieron ir a un consultorio; (era lo mas parecido a un hospital que estuviera cerca). Salimos de la casa, paramos en la casa del pato, el entro y regreso con mucho cuchillos, (al parecer el tenia muchos tipos de cuchillo), el dijo que iban a servir mas adelante; y avanzamos  colina abajo.

  El ambiente era desagradable, no sabría diferenciar entre olores; era un gato muerto, una persona mutilada. Volteaba a ver a otra parte, cualquier cosa menos a esos vecinos que tanto odiaba y que apenas saludaba, ya da igual si me agradaban o no, sus cadáveres daban pena, y también  eran espeluznantes. Las calles estaban desoladas y llenas de cuerpos inmóviles, sin cabeza; el silencio no te calmaba; hay silencios relajantes, pero este es un silencio de intranquilidad, todos estábamos con inquietud incluso el marce, (el cual era muy difícil de asustar).
  Cuando llegamos a la calle “troncos viejos”, no podíamos creerlo, militares con tanques y camiones circulaban la calle con trajes protectores, detenían a la gente y los metían en camiones. Un grupo de personas no mas de cien (seguramente los sobreviviente), combatían a los militares con piedras, y con cualquier tipo de arma. El desorden en las calles crea pánico a los que cooperan con los milicos, ellos insultaban a los que se oponían a ceder a la opresión.
  Mis amigos no sabían que hacer.
  De repente, entremedio del odio, la excitación de la batalla y  la destrucción a propiedad privada, se oyó un disparo, seguido de eso, gritos de agonía repartida entre la multitud, miradas atónitas, hombre y mujeres paralizadas; lo que había estado matando a la gente antes, había vuelto. Todos corrían en diferentes direcciones, los militares se aterrorizaron con la situación y actuaron imprudentemente; ellos abrieron fuego a cualquiera que se les acercara sin importar quien fuera. La compasión no surgió de ninguna persona, todos estaban concentrados en escapar del a masacre, ya nada importaba, alguien herido, era alguien muerto, y no importaba abandonarlo. Por suerte estaba con mis fieles amigos, a mi lado.
  El marce, un gran amigo que tengo, fuerte, alto y medio pasado de peso, me sostuvo entre sus brazos y con ayuda del pato, corrimos ha refugiarnos. Corrimos y entramos en una iglesia, “la iglesia sagrada familia”. La puerta estaba cerrada, pero con una piedra y mucha fuerza nada esta cerrado; pasamos y nos resguardamos en la iglesia, sin antes, cerrar la puerta. Curiosamente la puerta de la capilla estaba abierta, por lo que entramos.
  Estaba un poco oscuro, considerando la iluminación que tiene una iglesia, estaba oscuro; claro, hay que considerar que el cielo estaba nublado. Los sonidos de afuero no penetran bien en la capilla, y los sonidos de adentro, como ya saben, rebotan, y se amplifican; nosotros entramos no precisamente intentando de no hacer ruido, pero tampoco fue para tanto la entrada; sin embargo gracias a que los sonidos se amplifican,  nuestra entrada fue mas escandalosa; lo bueno es que casi no había nadie, lo malo, es que ¡casi! No había nadie. Una chica llamada Tania, que no se molesto ni en voltear, y un cura con la cabeza agachada, sentado en su “trono” (por así decirlo) de mármol, y con los codos apoyados en los muslos. el si que se volteo y nos ve, con una cara inexpresiva, nosotros nos quedamos parados al frente de la entrada, y el cura se levanta y nos dice medio depresivo: “bienvenidos amigos, a la casa del señor. ¿Que es eso que traen?”. “Mi hermano, lo vamos a llevar al consultorio”, dice el leo. El cura, lentamente se acerca a nosotros, mientras habla:” no tiene sentido. Si el esta herido, significa que ya esta perdido”. ” ¿Que esta diciendo?, ¡como puedes decir eso! Usted es un creyente, no debería ser tan desgraciado”. Sermonea el leo, medio alterado.  El cura también se altera y exclama: ¿Acaso no te enteraste? Ja, (rie). ¡Ya todo esta acabado!, tu, yo, tu hermano, tus amigos,  ¡todos aquí están muertos! ¿Y sabes por que lo se? Lo se, pues,  ¡el los envió! (grita, apuntando al cielo), pero que mas da como ejecutaría el juicio final, el… ¡me dejo aquí! Después de años, ¡lamiendo sus pies! El me dejo, ¡para que me pudriera! como todos ustedes, ¡pecadores!... yo soy el hombre que conecta con dios y perdona pecados. Ya no más. Ahora soy el dueño de mi propio futuro, y en el juicio final, quiero hacer lo que se me de la regalada gana. A si que, ¡váyanse de mi iglesia!”. El cura estaba a unos pasos de mí. El leo se acerca y dice:” usted no entiende, tenemos que esperar que las calles sean seguras; si no, mi hermano podría morir, ¿donde esta su misericordia?”. El maldito cura responde:” no me importa, el y ustedes, ya están muertos. No los quiero cerca,  solo ¡váyanse¡”.
  Mis amigos no podían irse, afuera era un infierno, ¡tenían que quedarse! Por mí y… por ellos. Es por eso, que el pablo tomo uno de los cuchillo, y se acerco diciendo, con voz temblorosa:” ¿te-tenemos que… quedarnos aquí, ¿será por las buenas o-o… por las malas? tu decides”. El cura dio un paso atrás, se aterrorizo al principio, pero después se puso firme, y con furia exclamo:” ¡no, No cederé ante unos niños, pecadores! Como  piden misericordia, y después me amenazan de muerte! que vergüenza”. “Que no entendí, weon, (dice el pato). Voy a tener que matarte.. por una estupidez. Solo finge que no estamos”. “ya dije, nunca mas haré cosas que no quiero”, dice el cura como ultima palabra, agarrando la porta cirio. El pato lo mira con detenimiento, se paraliza, lo mira impactado, sin poder moverse. Luego en las espaldas de nosotros, la puerta se abre, y nos empuja. De la puerta entra un tipo, Alexis, rápidamente pasa y cierra la puerta; y como si nadie estuviera ahí, se sienta en una de las bancas, y descansa.
  El cura lo mira y dice: “bienvenido a la casa del señor, ¿por que has venido aquí?”. “por nada en particular, (contesta el). Afuera esta quedando la zorra, y necesitaba refugiarme, hasta que recupere fuerzas”.  “De acuerdo, mientras no quebrantes la paz”. Dice con calma el cura. “oye, ¿pero que… por que el si se puede quedar?”, protesto el leo. “por que el no molesta como ustedes”. Responde el cura.
  Ya no mas dialogo entremedio, lo único que escucho, es como la catedral se derrumba en mil pedazos, una de las murallas cae, por la destructiva aparición de un tanque el cual se introduce en la iglesia, (mas rápido de lo que uno imagina) y se acerca al centro de la iglesia. El techo colapsa y la gran cruz de madera, puesta en el techo como linda decoración, cae aplastando al cura y una que otra banca. Tania, una chica que estaba sentada en una de las primeras filas de banca, es la primera en darse cuenta de que algo iba a pasar, pero fue la ultima en salir.
  Ahora, no teníamos donde quedarnos; la iglesia estaba destruida totalmente, y yo estaba peor que antes. Lo bueno es que pudimos conocer a Alexis y a Tania. Alexis, era un tipo que deseaba que llegara el fin del mundo, siempre entrenando, por si algún día llegaran  los zombies, para matar a todos; y Tania, era una chica normal, atractiva, de estatura promedio, religiosa, estudiosa, no le importaba ayudar al resto; era un poco tímida, pero no nos dábamos cuenta, siempre decía lo justo y necesario, y no teníamos por que cuestionarla; sus padres habían muerto y gran parte de su familia también, no tenia a donde ir y por eso estaba en la iglesia. Los dos aceptaron ayudarnos a llegar al consultorio, (el cual no estaba tan legos), seguramente aceptaron por intereses distintos, Alexis por matar cosas, y Tania… lo más probable es que no quería morir sola.

  Cuando llegamos al fin al consultorio, nos dimos cuenta de que no había nadie, solo cadáveres desparramados en el suelo; al principio nos asustamos y en especial yo, iba a morir, yo no quería morir, pero después analizamos la situación y nos organizamos. Pasmos por los corredores, revisando las habitaciones. Vendas, alcohol, píldoras, vacunas, golosina, bebidas, cualquier cosa servía. Recolectamos lo encontrado, y descansamos en  una de las habitaciones. Todo estaba tranquilo, como si nada hubiera pasado, o mas bien, como si ya todo hubiera terminado. Yo estaba curando mis propias heridas en una de las esquinas, mientras los cabros veían la tele. Podía escuchar las noticias que daban. Y la verdad, no me sorprendí, era de esperar.
  Al parecer el treinta porciento de la población en chile, habían fallecido. Y en otros países también, otros treinta, o treintaicinco porciento. Lo curioso, es que provoco esta oleada de muerte; pues el ya conocido covid-19 es el culpable de tal exterminio, y esto lo cuenta muy bien nuestro querido amigo, Alexis:” el covid-19, ese fue el provocante de todo esta crisis, saben, al inicio era un simple resfriado que podía causar la muerte de algunos, pero… pronto mutaría… en un ser mas peligroso de lo que ya era. Es como un gusano con grandes y filosos dientes, su piel es gruesa y siempre esta cubierta de moco gelatinoso, es escurridizo y ágil, y siempre busca el modo de meterse en uno, así sobreviven, pasan de estomago, en estomago, contagiando, incubando, multiplicándose como conejos urgidos. Son de muchos tamaños y formas, cuando están en tu interior ellos comen todo lo que te echas a la boca y por eso varían en tamaño; ayer lo pude ver con mis propios ojos, mi tío, no importa cuanto comiera ¡seguía con hambre!, es horrible de ver, literalmente murió de hambre comiendo mas de cinco kilos de comida. Pero eso no es lo peor, este nuevo y mejorado covid-19, vive en el interior de un, como ya mocione, y cuando tu alma se despega de la tierra, ese terrible virus sale de tu estomago, desgarrando y mordisqueando para salir, se intenta meter en la persona que este mas cerca. No obstante, algo tan malvado siempre tiene una debilidad; estos gusanos son unos malditos insectos, la mayoría son pequeños, pero si sabes que una persona lo tiene, tenemos que hacer que coma, y coma, sin parar; de este modo el bicharraco este, crecerá tanto, que será visible y lento, perfecta condición para llenar de balas o de algunas apuñaladas”. “como lo sabes”, pregunto uno de los cabros. “por que lo vi, ¿recuerdan?, el gusano metido en mi tío salió de su barriga, como una jodida película de terror, y yo apuñale al gusano, acabando con su miserable vida. ¡Maldito mato a mi tío!, se lo merecía”, responde con una sonrisa maquiavélica.

  Los días pasaron, (dos para ser exactos), y yo ya estaba mucho mejor, me movía sin sufrir alguna molestia, pero aun no me recuperaba del todo. Los días eran raros, eran brillantes, pero lleno de silencios espeluznantes; las calles completamente vacías, rastros de una gran batalla quedaban en la calle troncos viejos, sin ninguna señal de vida, nada; todo era extraño, y así se sentía; nada parecía real, cada cosa que sucedía se convertía en un recuerdo no verídico, una ficción llevada a la vida real, una ilusión bien estructurada.
  Los cabros no se separaban, todos habían echo lazos irrompibles; todos excepto yo, no se por que, simplemente no me animaba a charlar del fin del mundo o… otras cosas; no podía hacerlo, y ya. Los cabros me soportaban solo por que era hermano del leo, y eso la verdad, me parecía bien. Las cosas estaban mejorando, es mas, algunos tomaron hábitos para  pasar el ocio; el leo pasaba grabando todo con el celular; Alexis, (que estaba  un poco aburrido, por que ya no habían problemas), pasaba los días golpeando murallas, el decía que así entrenaba; el pato y el marce, pasaron por el jumbo y se trajeron consolas y juegos para echarse unas partidas; Tania, se volvió un poco adicta al cigarro, ella nunca fumaba cerca de nosotros, pero nosotros sabíamos, que alguien no puede pasar tanto tiempo buscando confort en el súper; yo pasaba los días practicando .  Éramos nosotros contra el apocalipsis chileno. Nos tomamos el tiempo de ordenar algunas calles, cargábamos los cuerpos sin vida y los amontonábamos en un hoyo.
  Todo el mundo sabían lo que pasaba en latino América, y que el país mas afectado era chile. el gobierno seguía en manos de Piñera; y el no sabia que hacer, casi toda la población en Valparaíso estaba muerta; por lo que mando mas militares a patrullar la zona, para buscar sobrevivientes, ¡gran error!, solo la cuarta parte salió con vida de Valparaíso. Mientras, estados unidos y la unión europea, estaban cagados de miedo; acusaban a los gobierno de incompetentes, y que si no lo resolvían, no tendrían mas opción, que bombardear la zona con misiles nucleares. Todo esto lo vimos en las noticia, y yo y los cabros nos asustamos, pero ni siquiera eso era lo peor que se venia.
  Luego de cuatro días resguardados, en el consultorio, sin señales de vida o, (como finalmente lo nombramos), “los rencarnados de los muertos”;  una noche con niebla en las calles,  un olor ha descomposición apareció, y se mesclo con esta niebla, el liquido gaseoso se metió por los rincones de las habitaciones, y el olor era tan fuerte que todos despertamos. No sabíamos que es lo que nos preparaba afuera del edificio.
  La niebla era espesa, un liquido que se pegaba en tu piel y se unía con tu sudor, creando un nuevo tipo de olor; no podíamos ver nada, solo golpeteos en la puerta principal. No hubieron objeciones, todos sabíamos que no había salida, ¿que mas podíamos hacer?, la muerte tocaba la puerta, nos llamaba; dice que nos estuvo esperando. No se ustedes pero yo no quiero dejar esperando a la muerte, y al parecer en el grupo pensaba igual.
  Llegamos a la entrada principal, al frente de las puertas que nos mantenían separados del peligro, pero todos sabíamos que no resistiría. Tomamos nuestras armas, y nos preparamos para la batalla. Abrimos las puertas y retrocedimos rápidamente. ¿Que vimos? Vimos la muerte en formas Grande, pequeñas y medianas; todos gusanos andantes, un ejército organizado, listo para atacar a cualquiera que se pusiera al frente, todos tan desagradables y rápidos, como Alex los describio.
  Rompemos los dientes, quemamos la piel gruesa; cortamos, apuñalamos, ametrallamos, alejamos… suplicamos; pero es inútil, veo como los gusanos  abren la boca del pato, y fuerzan con la mandíbula para poder entrar, en lo que se podríamos decir como: “contenedores der supervivencia”, van y entran mas y mas, como si dentro de el hubiera una fiesta o algo por el estilo. Solo yo me detengo a ver la muerte de mi amigo, los otros combaten sin descanso; pelean como furiosas bestias protegiendo el territorio. De pronto oigo el rugido del motor de una gran camioneta. Una chica entra al rescate, aplastando gran parte del mortífero ejercito, nosotros vemos a la chica y la oímos gritar:” ¡suban, rápido!”.
  Matamos a uno que otro par y entramos en la camioneta; ella arranco en cuanto nos subimos todo. Todos menos el pato.

  Ella manejo lo mas legos que pudo; se llamaba Aracely, era una chica, (a mi parecer, bastante atractiva), era pequeña, pelo negro; había estado solo durante todo lo sucedido, decía que había estado buscando a su familia, ella aseguraba que seguían con vida, en alguna parte. Y también  Conto  que estaba pasando por ahí, y vio el ejército de gusanos atacándonos, por lo que decidió  ayudarnos. A los cabros les callo bien, por lo que se integro al grupo casi al instante.
  Paramos en el centro de villa alemán, y pasamos el día recordando al pato, mientras comíamos comida chatarra en el líder. Al día siguiente, después de bañarnos, Alex pidió que escucharan unas cosas que tenia que decir:” amigos, tengo que decirles algo importante, y quiero que escuche bien. Ayer en la noche no dije nada, por que no quería que la muerte del pato pasara de largo; pero creo que ya es momento de hablar de un asunto. Ayer fue una noche jodidamente entretenida para mi, pero fue por que casi se cumple mi deseo de morir en batalla; y ya que no morimos, sobrevivimos al ataque, tengo que avisarles, que… no estoy seguro, pero… creo, que todos estamos jodidamente infectados”. Todos nos escandalizamos un poco, no entendíamos ¿por que?, ¿como? Alex trataba de que se callaran para hablar, y cuando dejamos de murmurar, el continuo, diciéndonos: “calma, calma… déjenme explicar. Nos expusimos demasiado anoche; lo mas probable, es que en la pelea, uno que otro gusano andante, se metiera en nuestro organismo, de eso pequeñitos (indica con los dedos)”. “¿tenemos alguna forma de saber si es verdad?”, pregunto, yo. “no lo se, creo que… hay que esperar morir de hambre”. “yo no tengo hambre, ¿u tu?”. Menciona, el marce, y Alex mueve la cabeza aceptando que es un punto que podría ser verdad.
  Tania se levanta y dice: “pero, para estar seguros, deberíamos hacer pruebas”. “¿como haríamos eso?”, pregunta el leo. “comiendo y corriendo”. Contesta, Tania. “¿no entiendo?” vuelve a preguntar el leo. “Voy a explicarlo. Alex nos dijo que el gusano andante, come todo lo que nos echemos a la boca, creo que en vez de esperara morir de hambre, deberíamos comer cosas nutritivas y energéticas, y luego, corre una vueltas a la manzana; si nuestro cuerpo no consigue recuperar energía, significa que el gusano esta dentro de nosotros”.  A todos les pareció una buena idea, por lo que la llevamos a cabo; comimos manzanas y tomamos agua, bebidas energéticas, plátano, y unas lentejas; la saboreamos con placer, como si fuera nuestra ultima cena; y cuando terminamos el pequeño festín, corrimos por la calle unas cinco vueltas.
  Pude ver la expresión de mis amigos, terror. Se veían cansados, sin poder mover un musculo. En cambio yo, me sentía como siempre. Me alegre, pero no lo demostraba, ya que todos mis amigos, parecían tener el maldito gusano.
  Casi todos se alteraron. El leo, solo se quedo en el suelo y no dijo nada; Tania se veía despreocupada, pero obviamente cansada; Alex maldecía y golpeaba el suelo y las murallas, (el de verdad, que quería morir en batalla); Aracely se lamentaba de no hallar a su familia, y lloraba en silencio; el marce solo se quedo ahí, tirado en el suelo, igual que el leo. Todos estaban infectados menos yo, y ellos lo sabían.
  Al rato de uno tiempo separados, cada uno pensando en sus asuntos, nos reunimos. Todo avisaron lo que yo ya sabia, y yo mocione mi sana condición, (excepto por todas las cicatrices que tenia); conversamos por un rato, y entre todos decidieron que lo mas inteligente, seria que yo me fuera muy legos, y que ellos se dispararían en la cabeza. Pero… yo… me reúse. Ahora me arrepiento, no se en lo que estaba pensando; solo quería seguir viviendo. Yo dije:” ¡que!, no creo que sea una buena idea, no soy muy rápido, los malditos gusanos me alcanzarían”. “te daremos bastante tiempo para que  huyas”, dijo Alex. “¡no! Enserio lo pensaron como el pico, weon… yo no quiero morir, ustedes están infectado, no yo, (dije). Creo que seria mejor, que me enfrente a los gusanos andantes; lo único que tienen que hacer, es comer, comer, y comer, hasta que el maldito sea grande, visible, lento y fácil de matar”. “!no quiero morir, siendo reventada por un gusano! ¡Vamos!, si te alegas lo suficiente, ellos no te alcanzaran”. “no”, dije yo, “no”. Como última y egoísta palabra.
  Pensé rápido y no tuve que ser tan ágil, ellos estaban exhaustos. Lo que hice, fue tomar con mis manos, un cuchillo (que me paso el pato hace unos días atrás), y con el corte el estomago de mis amigo, matando así a los gusanos y a ellos.
  Solo quedaba yo. No tenia amigos, ni familia; era solo yo vagando por las calles vacías de villa alemán.

  Antes, cuando estaba solo en mi casa, y ni mi hermano, y ni mis padres, estaban; yo tenia la costumbre de salir, pasar por los parques, meditar en las bancas. Ahora que de verdad estoy solo, en esta ciudad exterminada, lo único que quiero es volver a casa. Paso por las calles más transitadas, paso por las antiguas canchas que acostumbraba a ir y que ahora son solo adornos roñosos sin propósito; pasó por los colegios que alguna vez fui, paso por la iglesia derrumbada, y… me detengo. Veo ante mi, lo que yo pesaba era el karma materializado en gusanos andantes, gigantes, pequeños, con dientes de tiburón; pero al parecer no. Ellos pasaron rápidos como una estampida, y me tiraron al suelo, pero… nada más, eso; ellos pasan de largo y se esfuman, tan rápido como un rayo de luz. Supongo que soy inmune o algo por el estilo; quizás el accidente que tuve, tenía algo que ver con esto. Sigo mi camino, riendo un poco por lo estúpido de la situación anterior; al final no voy a morir por un gusano andante.
  Voy colina arriba y llego a mi casa; paso, cierro la puerta, subo las escaleras, me tapo la boca con la polera, para evitar el olor a descomposición, y finalmente llego a la puerta de mi pieza.
  Azul es el color de las paredes e mi cuarto, azul son las tablas de mi cama, y las sabanas; azul es el techo y la lámpara que cuelga del; azul esta pintada los bordes de mi ventana y el de las cortinas; azul es la puerta, incluso los muebles son azules.
  Me acerco a la ventana, abro la cortina, y aprecio el paisaje, veo los cerros secos, llenos de arbustos feos, que solo sirven para hacerte daño; también puedo ver las casa, todas apretadas, separadas por calles; miro y cuento los arboles, pocos de ellos plantados entre tanto ladrillo y madera. Me quedo parado sin pensar en nada, solo disfruto del espectáculo. Puedo ver como sale el avión de entre las nubes y deja caer la bomba, ¡ahí! Muy legos de mi, lo suficiente para analizar como el paisaje cambia. Una nube con las matices del rojo y del gris, que cosa tan gloriosa y destructiva; esa cosa cambia de color el cielo, a rojo; y empuja las nubes en diferentes direcciones. Veo y siento la radiación desintegrando mi ser en millones pedacitos, pedazos de un gran y verdadero monstro… un humano después de todo.
Fin.

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